Marco's posterous

Una filial de A-Wilbur.blogspot

Esas curiosas formas de la felicidad

Happy-feet

Happy Feet, lo primero que aparece cuando googleas la palabra Happy


Primero:

A mis dos o tres lectores, tengo que ofrecerles por enésima vez una disculpa. Ahora sí la ausencia de la blogósfera fué pronunciada; pero tiene sus razonamientos lógicos. Tristemente las ocupaciones laborales siempre han sido en porcentaje mucho mayores que el tiempo libre -por lo menos para la mayoría de los que formamos parte de alguna nómina. Dentro de mi trabajo las complicaciones se han sucedido una detrás de la otra, ya sea en forma de nombramiento (que acaba siendo más simbólico que nada) o de participación en alguna expo (propia o ajena).

Este semi ejercicio literario que tanto añoro ha estado ausente de mis prácticas cotidianas. Las 24 horas del día tienen de lunes a viernes destinado más del 50% de mi esfuerzo a la vida laboral (el otro 50 se reparte en medio comer, medio dormir, medio vivir... exacto, todo a medias). Pero si algo tengo (y a veces me sobra) es terquedad, y esa misma cualidad/defecto me impulsa a cambiar los porcentajes y a hacer (o re hacer) mi vida en términos de lo que a mi me mueve. Olvidaba el sábado -que laboralmente hablando ocupa solo unas 6 horas (o el 25% del día) pero que en términos de cansancio es quizá para mi el día más pesado de la semana.

Ahora que ya intenté explicar por qué he dejado en calidad de abandonado el blog, entro en el tema.

LA FELICIDAD.

¿Qué es eso? ¿Con qué se come? ¿Lo venden en alguna tienda departamental a meses sin intereses?

No lo sé. Las interpretaciones de lo que significa la felicidad pueden variar de persona en persona y de cultura en cultura. Habrá quien sea feliz por poseer riquezas materiales, habrá quien sea feliz por obtener un título académico, lo habrá también por que su equipo de fútbol logró un campeonato (o no descender de categoría), habrá quien sea feliz simplemente por el hecho de estar vivo. Las posibilidades son casi infinitas.

En ciertas culturas (la nuestra incluída) la muerte misma es sinónimo de felicidad... "pasó a mejor vida" -solemos escuchar cuando alguien muere, en alusión a que la máxima felicidad sea el encuentro con el Creador (y los seres queridos que se nos adelantaron en el viaje) -con todo y lo triste y patético que es el modo convencional de despedir a alguien vía ceremonia fúnebre.

Mi muy particular punto de vista sobre las cosas que me rodean y hacen de mi la persona que soy, me permite hacer un recuento de lo que a través de los 42 años que he formado hasta hoy parte de la raza humana me hacen feliz.

Desde el momento de mi nacimiento me ha hecho muy feliz disfrutar de la compañía de mi madre. Es una persona totalmente especial (como suelen serlo las mamás) y con quien por tener tan pocos puntos de coincidencia (nuestros gustos, aficiones, filosofías, etc. pueden ser diametralmente opuestos, por ejemplo ella es una excelente bailarina y yo padezco de siniestritis bípeda [tengo dos pies izquierdos a la hora de intentar bailar, pues], me gusta la literatura complicada y ella es en exceso light a la hora de leer). Desde el fallecimiento de mi padre, los niveles de felicidad de mi mamá bajaron de forma alarmante, pero de manera conjunta el batallón nietos (5) e hijos (3) hemos hecho nuestro mejor esfuerzo por nivelar un poco las cosas. Desafortunadamente quienes contribuimos a que los niveles de felicidad de mi madre suban y bajen a manera de montaña rusa, somos nosotros mismos (me refiero a mi y a mis hermanos) y los problemas que nos rodean; las mamás tienen esa cualidad/defecto de permearse de la vida de los hijos y hacer de la felicidad o las preocupaciones algo propio sin embargo y a su manera, me hace feliz.

Durante mi infancia diferentes circunstancias y factores me llenaban de felicidad; mi abuela por ejemplo me hacía inmensamente feliz visitándome y llevando entre sus manos una tablilla de chocolate, claro que ella desconocía que al ingerir productos derivados del cacao yo tenía una reacción alérgica adversa y me llenaba de ronchas. Mi abuela materna fué mi sinónimo de felicidad hasta los 5 años (cuando ella falleció).

Los cumpleaños (míos o de mis hermanos) y las navidades también eran -junto con los viajes, los momentos más felices para mi. Mi familia fue siempre unida hasta cierto punto (ya lo saben, fuí el primero en abandonar el nido y darme tremendo golpe de realidad al ver que mis alas estaban realmente inmaduras) y mientras viajabamos, festejabamos o celebrábamos las fiestas el estado de felicidad en mi persona era mayúsculo.

Con la adolescencia y los cambios hormonales los estados de felicidad/depresión/angustia/euforia me pegaron "con tubo". Diversos factores podían hacerme el más feliz a mi manera; mis amigos, las salidas, la incipiente libertad de elección (qué película ver, qué ropa usar, qué rumbo tomar) alegraban mis años adolescentes. Fuí un tipo de lo más enamoradizo (aplica aquí el dicho de las abuelas: "solo mira una escoba con faldas y de inmediato se emociona") por lo que la felicidad derivada de la colección de noviazgos fugaces -y los primeros intentos de romanticismo con mariposas en la barriga incluídas, eran el equivalente a estar en permanente estado de felicidad (visto en retrospectiva, sí que había escobas con faldas).

Las excursiones, viajes, conciertos y demás experiencias entre los años de preparatoria y la universidad se multiplicaban haciéndome esa etapa algo realmente entrañable. Las personas que me rodearon en ese punto de mi vida (y que con varias sigo afortunadamente en contacto hasta hoy) le dieron ese toque extra de felicidad al entorno.

Hasta que quise -según yo, ser aún más feliz.

Dejé a un lado a mi familia, amigos, universidad y sentido común por hacer mi santa voluntad y embarcarme a muy temprana edad (a los 20) en un proyecto de vida alternativo: me casé. Con la persona equivocada, en el momento equivocado, bajo las circunstancias más equivocadas, todo por un impulso de berrinche disfrazado de felicidad.

Obvio, no funcionó. Pero sí tuvo un final feliz -en cierta forma un desarrollo de la historia con su lado positivo: mis hijos mayores, uno de los más grandes motivos de felicidad para mi desde que cada uno llegó al mundo.

El primero llegó cuando (en términos 'ideales') yo debería estar viajando por Europa mochila al hombro; la segunda en la etapa (otra vez en términos 'ideales') a la hora de aventurarse en una maestría para salir como 'top of the class' y ejercer en una mega agencia de medios o ser contratado por Steve Jobs y diseñar para Pixar. Me convertí en padre sin haber pisado suelo europeo y apenas terminando los créditos suficientes para la licenciatura. Pero ¿que más da? era el más feliz con mi par de críos a cuestas, con mi par de ideales de vida, con mi par de juguetes recién desempacados.

Cuando se terminó la vida en común con la madre de mis hijos, de cierta forma terminó la cercanía de vivir cada una de las etapas de su crecimiento. No obstante al haberse concretado la separación, hicimos (y hacemos hasta hoy) nuestro mejor esfuerzo por ser felices a nuestra manera. Es complicado intentar expresar en unas líneas los malabares logísticos y de coordinación que tuvimos que hacer en más de una etapa (se han mudado tantas veces que parece que intentan romper algún tipo de récord) para vernos, convivir y hacer equipo padre/hijos. Baste decir que cuando coincidimos desbordamos felicidad, a un grado -que creanmelo o no, contagia hasta a la gente desconocida que nos ve.

Los avatares de la vida me han llevado por sendas donde de repente aparecen cual señalamientos viales los momentos de toma de decisiones o de elección de rumbo y trayectoria. Si en términos aeronáuticos mi vida fuese un rutinario vuelo del punto 'A' al punto 'B', la calidad de mis elecciones y decisiones han trazado la ruta más tormentosa y difícil, pudiendo haber navegado en cielos despejados y con viento a favor. Mi radar para distinguir una buena o mala elección aparentemente está averiado desde hace un buen rato. Y la felicidad estriba en gran medida en las decisiones que tomas; si te equivocas, simplemente la vida se encarga de indicarte que cometiste un error -y a veces lo hace de tal forma que parece que Mke Tyson te golpea al mismo tiempo que te muerde no una, sino las dos orejas.

Segundo matrimonio, segundo fracaso, tercer hijo. El único saldo a favor de otra ruta mal planeada: Mi clón 2.0 

La felicidad de convivir con mi pequeño hijo se traduce en cosas simples: salir con él, ver una película, comer algo, caminar dentro de un mall, ver un partido de fútbol, jugar video juegos, desayunar hot cakes, ver los Simpson y escuchar sus carcajadas (su madre le tiene prohibido ver la serie -meh), hacer de vez en cuando lo que él llama un "campamento" que simplemente consiste en que se quede a dormir conmigo. Creo que él también se siente feliz compartiendo algo de tiempo con su papá.

Mis hijos en resumen, son precisamente -dentro de lo difícil y doloroso que es estar separados por diversas circunstancias- donde reside una parte importante de mi propia felicidad.

Pero aún hay más.

De todas las maneras posibles en las que pude encontrar un gramo de felicidad (que posteriormente se convertiría en toneladas), la más reciente llegó de la manera más improbable para mi -el eterno escéptico-.

Una coincidencia, el estar en el lugar exacto en el momento adecuado. El destino.

¿Como imaginarme que después de tanto tiempo me la encontraría, y sobre todo bajo esas circunstancias? No quiero saber la respuesta, lo unico que sé es que la vida me recompensó de la manera más curiosa, en un momento en el que yo creí que la posibilidad de contar con una relación de pareja estaba totalmente descartada de mi vida y fuera de todo propósito, yo mismo le había puesto un cerrojo de combinación a mi corazón y mis sentimientos, tiré la llave y olvidé dónde lo hice.

Soy francamente feliz, quizá más allá de lo que yo mismo hubiese imaginado. Esta es el tipo de situación donde interviene el cliché de "si alguien me lo hubiese anticipado, no le hubiera creído". Pero pasó.

Desde que la encontré (o nos encontramos) han pasado ya algunos meses, durante los cuales la vida (y mi perspectiva de la misma) ha cambiado y dado un giro de 180 grados.

Ella conoce perfectamente mi historia -y no tiene empacho alguno en preguntar (como buena abogada tiene un muy desarrollado talento para el 'arte' del interrogatorio -al que yo caigo redondito-) en caso de duda, y aún con mi gigantesca colección de defectos, sabe hacerme sentir el hombre más perfecto y feliz del universo.

Quizá para hacerles saber esto último se gestó en mi mente la edición de este post. Esas curiosas formas de la felicidad que han llegado a la vida de este, su seguro servidor a pesar de no contarse en forma multitudinaria, me han marcado y lo seguirán haciendo mientras Dios me preste vida y tiempo para ser feliz.

La historia hacia adelante es un libro con las páginas en blanco. El año apenas va comenzando y desde mi muy particular perspectiva tiene todo para ser uno grandioso (con todo y la teoría de que es el último y no llegamos ni a navidad -según el calendario maya).

Deseo para ustedes mucha felicidad, salud y cosas que les llenen el alma y la vida de dicha.

Ojalá sean (o se sientan) la mitad de feliz de lo que yo me siento y soy gracias a quienes me rodean y que aún estando lejos o muy ocupados, (¿verdad zarigüeyas?) me dan esos toques de felicidad que me llegan directo al corazón.

Hagan todo por ser felices, solo tenemos una vida.

Marco

Un medley, que le dicen.

Así como quien no quiere la cosa, practicando con la guitarra unas rolas de Def Leppard (3 de ellas... "Animal" "Love Bites" e "Hysteria")

 

Gran Orgullo

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El 7 de julio de 2011 marcará un hito en mi vida.

Hoy se llevó a cabo la ceremonia de graduación de preparatoria de mi hijo mayor (mejor conocido como mi clon 1.0)

Realmente ha sido un excelente estudiante desde el primer día que tuvimos a bien enviarlo a la escuela. Maternal y primero de kinder los cursó en Monterrey, y desde segundo de kinder ingresó a las filas de los escolapios dentro del Instituto Carlos Pereyra de Puebla. Desde ahí hasta el día de hoy su vida académica ha transcurrido dentro de  los muros de esta institución.

Ha sido con gran amor y esfuerzo de mi parte, la de su mamá y la de sus abuelos (quienes llevan un gran crédito en el mérito de este logro) que tanto Marco como sus hermanos tengan una educación de calidad y con principios; por parte de mi hijo no he recibido más que satisfacciones durante todos estos años y hoy que culmina su educación media superior me queda una sensación gigantesca de orgullo y de un deber cumplido a carta cabal.

Les quiero compartir (empezando por tí, Marco) un texto que escribí hace un par de años dirigido a él y que hasta ahora verá la luz por medio de este post.

Este ensayo es un pequeño testamento en vida. Disculpen el hecho de que el texto está todo en mayúsculas, pero así fué escrito originalmente y quiero conservar íntegra la versión.


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A MI MUY QUERIDO HIJO:

 

 

QUIZÁ TE PAREZCA EXTRAÑO –Y LO ENTIENDO- QUE SIN PREVIO AVISO RECIBAS ESTE DOCUMENTO. NO TE ALARMES, NO HAY ABSOLUTAMENTE NADA DE QUE PREOCUPARSE. EL PRESENTE ES ÚNICAMENTE EL PRODUCTO DE LA REFLEXIÓN QUE ALGUNOS PADRES HACEMOS EN DETERMINADO MOMENTO DE NUESTRA VIDA.

 

TE PIDO POR FAVOR LO LEAS CON CUIDADO Y MUCHA ATENCIÓN, ESTE DOCUMENTO SIGNIFICA QUE SÉ QUE YA TIENES LA EDAD SUFICIENTE PARA ENTENDER SU CONTENIDO Y QUE COMO MI HIJO MAYOR VERÁS QUE LO QUE AQUÍ EXPRESO LLEGUE EN SU MOMENTO A LOS OÍDOS Y EL CORAZÓN DE TUS HERMANOS MENORES.

 

 

ESTE ES MI TESTAMENTO DE VIDA.

 

 

DE LAS COSAS MATERIALES QUE POSEO, REALMENTE NO HAY MUCHO QUÉ DECIR. A FÍN DE CUENTAS LOS BIENES TIENEN UN USO LIMITADO Y UNA DURACIÓN QUE NO ES PRECISA.

 

EL MEJOR LEGADO QUE PUEDO DEJARTE, SI ESTE FUESE MI ÚLTIMO DÍA DE VIDA, ES EXACTAMENTE EL MISMO QUE ME DEJÓ TU ABUELO ANTES DE PARTIR AL CIELO. ESTE LEGADO ES AÚN MÁS VALIOSO, MÁS DURADERO Y SI LO USAS CON LA MANO DE DIOS COMO GUÍA, TAMBIÉN TÚ SE LO HEREDARÁS ALGÚN DÍA A TU HIJO MAYOR, POR ENDE RECIBE:

 

 

HONESTIDAD:    PARA QUE SIEMPRE ACTÚES Y HABLES CON LA VERDAD, QUE TUS ACCIONES Y PALABRAS SEAN SIEMPRE HONESTAS Y LIMPIAS.

 

 

VALOR: PARA ENFRENTAR LA VIDA Y SUS OBSTÁCULOS, PARA EMPUJAR AQUELLAS PUERTAS QUE PARECEN NO ABRIRSE Y SALTAR ESOS PRECIPICIOS TAN PROFUNDOS QUE EL MUNDO NOS PONE COMO RETO.

 

 

PACIENCIA:  PARA ESCUCHAR A LOS DEMÁS Y ENCONTRAR EL MOMENTO OPORTUNO PARA HABLAR Y SER ESCUCHADO.

 

 

TOLERANCIA:  HABRÁ QUIENES SEAN, SIENTAN Y PIENSEN DE MANERA DISTINTA A TI, SÉ TOLERANTE, NO QUIERAS IMPONERTE CUANDO NO SEA OPORTUNO.

 

 

FIDELIDAD:   A TUS IDEALES, A TU FAMILIA, A TU PAREJA, A TUS PADRES Y PRINCIPALMENTE A DIOS.

 

 

HUMILDAD:   PARA ACEPTAR TUS FALLAS, PARA RECONOCER LA VERDAD EN LAS PALABRAS Y OBRAS DE LOS DEMÁS.

 

 

FUERZA:  PARA SUBIR TODAS LAS EMPINADAS CUESTAS QUE TU CAMINO POR LA VIDA TE PONGA ENFRENTE, AUNQUE PAREZCAN INFRANQUEABLES.

 

 

CARIDAD: PARA LOS QUE SUFREN Y SON MENOS AFORTUNADOS QUE TÚ; DALES CONSUELO, DALES TU APOYO. DIOS Y LA VIDA TE DEVOLVERÁN CON CRECES LO QUE TÚ OFREZCAS.

 

 

INTELIGENCIA:   PARA TOMAR LAS MEJORES DECISIONES, PODER SOLUCIONAR HASTA EL MÁS COMPLEJO DE LOS RETOS Y SABER ENMENDAR A TIEMPO CUALQUIER ERROR.

 

 

POR ÚLTIMO, PERO POR ELLO NO MENOS IMPORTANTE

 

 

FÉ: DE LA MANO DE DIOS ES COMO PODEMOS CAMINAR POR ESTA VIDA, CONFIADOS EN QUE CADA PASO QUE DEMOS SERÁ FIRME Y DECIDIDO. LA FÉ ES CADA DÍA MÁS ESCASA, RECÍBELA Y PROFÉSALA CON ABUNDANCIA.

 

 

 

ESTE ES MI LEGADO PARA TI. ESTE ES MI TESTAMENTO DE VIDA.

 

 

 

TU PADRE QUE TE AMA.

 


  M.A.F.R.


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Esto es lo que quiero compartirles hoy, un día en que siento un gran orgullo y que marca el principio del resto de la vida de mi hijo, quien si Dios quiere, se convertirá en un exitoso ingeniero.

Hasta pronto

Marco Flores

Posted July 7, 2011

Audio: Animal

Animal

Ok, no es a ese "Animal" al que se refiere la canción, pero es una de las mejores formas de ilustrarla -por lo menos en lo que a mi extraño s entido del humor se refiere.

A wild ride/ over stony ground/ such a lust for life/ the circus comes to town...


Posted June 17, 2011

Audio: Rocket

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R ec uerdo esos años de la universidad cuando nos ibamos en mi Renault temprano a clases escuchando música y Hugo Cabrera me decía "pon esa que suena como tambor de apaches (sic)".

El buen Hugo se refería a "Rocket". El intro en la versión original del álbum Hysteria sonaba -sí, a tambor de apaches.

Posted June 17, 2011

Audio: Rock! Rock! (Till You Drop)

Posted June 17, 2011

Rock! Rock! (Till You Drop)

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Septiembre 1992, Palacio de los Deportes, México, D.F.

La primera vez que ví a Def Leppard en vivo, las luces de el domo de cobre se apagaron y los miembros de la banda tomaron su lugar, comenzando por Rick Allen y su inconfundible silueta -el brazo derecho en alto, la manga de la camisa doblada donde debería estar el izquierdo.

Como en casi todas las giras, esta es la canción con la que abren el concierto. Mi compadre Armando Sánchez  dice que el intro suena a Alan Parsons Project; yo digo que al encenderse las luces del escenario y ver a la que para su seguro servidor es la mejor banda de rock de mi generación la piel se enchina y la adrenalina corre... "rock, rock 'till you drop, rock, rock, never stop".

 

Posted June 17, 2011

Tan tán

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La madrugada del próximo domingo ya no existirá el mundo.

Bueno, al menos eso dice un gringo loco que anda postulando que el sábado este mundo en el que nos tocó vivir llega a su fin.

Ya de por sí venimos arrastrando la "consigna" de que en diciembre del 2012 y por designio del calendario maya llegaremos al fin de los tiempos, con lo que las compras navideñas -según esta teoría- no tendrán ningún sentido pues no llegaremos (literal) a cargar a los peregrinos ni a darnos el abrazo y el atracón en nochebuena. El mundo... ¡kaput!

Desde que recuerdo han pasado por lo menos tres o cuatro oportunidades en que por vaticinio, predición o superstición de alguien (o de algun grupo) el armagedón está a la vuelta de la esquina, el mundo se acaba y todo tan tán.

Meh.

Muy clarto tengo todavía en la memoria el famoso Y2K que llevaría a la raza humana a la extinción de una u otra forma: que si las computadoras se vuelven locas, que si los artefactos electrónicos dejarían de funcionar para siempre, que si Terminator esta vez si le daba chicharrón a Sarah Connor... en fin y todo solo por pasar del 1999 al 2000.

El cine ha explotado el tema de varias formas, algunas tan convincentes que más de uno jura y perjura que conoce al petrolero en que se basaron para el personaje de Bruce Willis en "Armagedon" y que todo pasó en realidad; pero para evitar el pánico generalizado, el astuto gobierno gringo lo mantuvo en secreto y en silencio, otros dirán que Discovery Channel, Nat-Geo y demás canales científicos (y por ello suponen de alta credibilidad) han sacado especiales sobre el tema y pues la construcción de un refugio subterráneo es el siguiente proyecto de remodelación para la casa.

Yo creo que el mundo sí se va a acabar, de hecho los humanos estamos haciendo un excelente trabajo acabando con él, la cosa es que somos menos espectaculares y hollywoodenses de lo que el cine nos ha enseñado, y nos llevará un poquito más de tiempo darle cran a la naturaleza, un par de cientos de años es lo que creo nos durará el chistecito.

Así pues, el postulado de que "el mundo se va a acabar" es cierto a medias; el mundo sí llegará a su fin algún día, pero no el sábado, no en diciembre del 2012 (más cuando Paulina Rubio descubrió que su lata de atún caduca en mayo del 2013) y no tan pronto como muchos quiren creer.

Sí, la naturaleza por momentos parece sacudir al planeta de la misma forma en que un perro se sacude las pulgas, pero eso también ha pasado desde siempre... que le estemos dando una ayudadota y acelerando el proceso, eso ya es harina de otro costal.

Yo les sugiero que nos hagamos a la idea de que el mundo se acaba mañana y vivamos cada día como si fuese el último.

  • amen
  • disfruten
  • rian
  • compartan
  • platiquen
  • abracen
  • coman
  • canten
  • besen
  • beban
  • vivan

Como si mañana un asteroide del tamaño de Texas nos fuese a caer encima.

O ya de plano usen el pretexto de que "el mundo se va a acabar" con la persona de su elección, a ver si es chicle y pega -lo peor que puede pasar es obtener un rotundo no o una noche de pasión- como si no hubiese mañana.

Tan tán.

Posted May 19, 2011

Mucho ayuda el que no estorba

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Se cumplen 8 días desde que el mundo entero se cimbró por los acontecimientos que literalmente sacudieron al Japón. Un terremoto de 9 grados en la escala de Richter y el subsecuente tsunami que arrasó con la costa norte del archipielago nipón.

Yo tengo en la memoria el recuerdo de tres movimiientos telúricos que realmente fueron impresionantes, aunque muchas veces menor a lo sufrido por los japoneses y que experimenté en carne propia.

El primero realmente no lo sentí, pero sí recuerdo la impresión de ver entrar a mi papá lámpara en mano (bueno, realmente la pequeña lámpara la sostenía con la boca) mientras nos sacaba a mi hermano y a mi de la cama y de la cuna respectivamente la madrugada del 28 de agosto de 1973, una fuerte sacudida de 7,3 Richter originada en Veracrúz tuvo la fuerza suficiente para inclusive derribar la tradicional parroquia del Perpetuo Socorro ubicada a unas cuantas cuadras de donde vivía, no entendí realmente el suceso y el recuerdo es más bien por la impresión, pero esta fué consecuencia directa del temblor.

La segunda, como a la gran mayoría de los mexicanos no se me olvida.

Esperaba mi turno para entrar a la regadera un día cualquiera de clases. Un jueves. En la pared de mi lado de la recámara -compartida con mi hermano, había una decoración ecléctica muy a mi estilo (pósters, discos viejos adheridos con cinta, placas viejas de auto) y me encontraba de pié en mi cama intentando pegar un disco que se notaba ligeramente fuera de lugar. Lo primero que escuché fué la puerta del clóset chocar varias veces contra el marco, luego la pared donde estaba recargado pegando el disco se movió, la casa comenzó a crujir y escuché la voz de alarma de mi madre desde la cocina "¡Está temblando!".

Como pude abrí la puerta del baño (mi hermano tenía la bendita costumbre de encerrarse) lo medio endredé en una toalla y lo saqué, mientras la casa se sangoloteaba como jamás pensé que una construcción relativamente nueva pudiera moverse. Bajamos las escaleras hasta la puerta que da a la calle donde ya estaban mi madre, mi hermana y mi papá, más pálidos que un queso y aferrados a la pared y a la fé, medio rezando algo que ahora no recuerdo.

Con todo y el mega-susto cada quien salió a cumplir con sus obligaciones, mi papá al trabajo y mis hermanos y yo a la escuela. El shock del movimiento de 8,1° en la escala de Richter era de lo único que se hablaba, realmente las clases como tal no se dieron ese día. Las pocas noticias que llegaban por la radio de la destrucción en el centro de la ciudad de México nos mantenían en vilo. De las primeras cosas que supimos fué que tendríamos que enterarnos por la radio pues la principal televisora había sufrido daños mayores.

El día siguiente no fué mejor, la realidad nos pegó directo y en la cara. Aunque Puebla no sufrió daños mayores (salvo una que otra construcción muy vieja y la acostumbrada fragilidad de las vecindades del centro y su criminal falta de mantenimiento) la ciudad de México lucía espeluznantemente devastada.

La cifra oficial de muertos que dió el gobierno -que de paso actuó con total parsimonia, descontrol y una exasperante lentitud- fué de al rededor de 6,000 personas; la realidad como siempre triplicó la cifra (hay quienes dicen que hubo más de 20,000 muertos) y cada periódico, noticiero y comentario se llenaba poco a poco de las imágenes de destrucción; yo solo me imaginaba a la gente que a esa hora se encontraba en un lugar que para mi si resultaba familiar, el restaurant "Súper Leche" al cual cada que mi papá tenía consulta con el nefrólogo en México ibamos a cenar o a desayunar y que -como en ese 19 de septiembre- siempre estaba a reventar.

No habíamos digerido todavía la impresión cuando el 20 de septiembre al anochecer una réplica de 7,3° nos sacudió con fuerza. Mi recuerdo más vivo de esa noche fué la angustia del vecinito de atrás a quien la mamá (más buena que el pan físicamente, pero más mala con sus hijos que pegarle a Dios en semana santa) para variar había dejado solo y aterrorizado lloraba y gritaba en el jardín de su casa. Nosotros desde la ventana de la recámara de mis papás intentabamos tranquilizarlo y darle ánimo, pero el chiquillo obviamente estaba en shock.

Fué solo la organización de la gente, de los espontáneos y de muchos héroes anónimos que la cosa pudo sacarse adelante. Ahí nació un cuerpo de rescate que con más corazón que capacidad pudo rescatar a muchas personas, los famosos "topos"; se dió el milagro de los recién nacidos del hospital general y miles de historias que cada 19 de septiembre recordamos quienes de una forma u otra atestiguamos la devastación.

De ese episodio al siguiente pasaron varios años, fué hasta 1999 que la tierra bajo mis pies se volvió a sacudir, y ahora sí Puebla se vió más afectada.

Era un día ordinario en el trabajo, pasadas las 3 de la tarde en la enorme tienda departamental que esa misma noche tendría una de sus famosas "ventas nocturnas". Mi escritorio lo habían tomado como centro de autorizaciones para uno de los bancos que participaban con sus tarjetas de crédito en la promoción. La señorita encargada del módulo bostezaba de aburrimiento ya que no había prácticamente nadie en la tienda. Los horarios de comida se habían extendido y yo todavía esperaba para salir a comprar algo de comer y visitar a... bueno, tenía que visitar a alguien de quien ahora no me quiero ni acordar y comer con ella.

Lo primero que recuerdo fué un leve movimiento oscilatorio hacia la izquierda, la chica del módulo me preguntó con más sorpresa que alarma ¿está temblando?. Antes de que yo acertara a decir "sí" la tienda completa comenzó a rebotar de arriba a abajo.

Ruido, ruido ensordecedor mezclado con gritos de histeria y la alarma que se activó cuando el director de la tienda fué el primero en abandonar el barco y salir literalmente disparado por una de las puertas de emergencia; los páneles del techo brincoteaban salvajemente, los maniquíes caían y en las diferentes zonas de la tienda se escuchaba el tronar de muebles y cristales estrellados.

Recuerdo haber tomado a la encargada del módulo por el brazo y sacarla por la puerta de entrada de personal, mientras un río humano descendía por las escaleras aumentando la cacofonía del temblor con el ruido de una estampida humana escaleras abajo.

Estando en la zona de seguridad del estacionamiento la tierra aún se movía -ya con menos intensidad, y varias empleadas del área de cosméticos yacían desmayadas en pleno asfalto; mi primer instinto fué tomar el coche y largarme, pero la calma retornó rápidamente al vernos todos sanos y salvos fuera de la tienda.

Llamé a mi familia, todo bien. Fuí por la comida que había encargado por teléfono (japonesa, lo recuerdo bien) y fuí a visitar a quien tenía que visitar.

Aún con Protección Civil amenazando clausurar la tienda, la bendita "venta nocturna" se llevó a cabo -me tocó entrevista para la radio y toda la cosa animando a la gente a ir a gastar su dinero y olvidarse del incidente.

El centro de la ciudad y muchas de sus iglesias sufrió la peor parte de este sismo de 6,7° Richter y hasta la fecha muchas construcciones se encuentran en riesgo de caer. Varias víctimas mortales se contaron ese día (infinitamente menor que las de 1985) pero sí hubo un saldo más que negativo, inversamente proporcional al susto mayúsculo de ver y sentir en vivo lo que muchas veces había apreciado solo por televisión.

Lo que sucedió en Japón no se puede comparar ni remotamente a las experiencias que yo viví. En el 2006 parecía irreal lo que todos vimos en las costas de indonesia y el tsunami que arrasó con miles de kilómetros de costa y reclamó cientos de miles de vidas.

La inmediatez con la que en este caso llegaron las imágenes y el video de la devastación en Japón nos puso todo en contexto. Como si esto fuera poco, la planta nuclear de Fukushima Daiichi está cada vez más cerca de una tragedia de proporciones mayores a la de Chernobyl.

Pero hay una gran diferencia.

Japón es un pueblo preparado para este tipo de eventos, México dolorosamente no.

La cultura y tenacidad de este pueblo que se ha levantado más de una vez de situaciones límite (solo hay que recordar que Hiroshima y Nagazaki fueron el blanco de la bomba atómica) y que sabe pefectamente qué hacer sin importar la magnitud del terremoto y lo destructivo que resultó el tsunami me sorprenden. Me conmueve el puñado de héroes que literalmente se están matando intentando enfriar Fukushima (lean el post del maestro Ruy Xoconoxtle y lloren), me conmueve hasta el tuétano ver los rescates con helicóptero, me conmueve ver las fotos de la devastación como la que acompaña este post.

Y me encabrona de forma total (perdonen el término poco elegante) que todo mundo, y especialmente el gobierno mexicano se quiera vestir el traje de héroe y exclamar a voz en cuello "no te preocupes Japón, ahí voy".

Estoy de acuerdo que nuestros queridos "topos" tengan el corazón y la voluntad de ayudar, pero ver a un rescatista japonés con su equipo completo de rescate junto a uno de los nuestros, es como ver a Mazzinger Z junto a un granadero de presidencia auxiliar.

Ayer escuchaba que ya se encontraba listo un batallón de bomberos chiapanecos para viajar a Japón. Así como lo leen y no es broma. Por décadas nuestros heróicos cuerpos de bomberos han padecido más carencias que las que cualquier institución puede soportar... y ahora los mandan a apoyar a quienes fácilmente podrían darnos lecciones básicas de organización ,aprovechamiento de recursos y un largo etcétera.

Por eso digo yo que mucho ayuda el que no estorba.

Dios bendiga al Japón y a sus héroes, especialmente a aquellos que no la van a contar. El mismo Dios nos libre de algo similar.

Ya falta menos para el 2012 (lo digo por los Juegos Olímpicos, ajá)


Entre una roca y un lugar difícil (127 horas)

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El equivalente gringo a la frase "entre la espada y la pared" es "between a rock and a hard place" y así se llama el libro escrito por Aron Ralston en el que Simon Beaufoy y Danny Boyle se basaron para escribir el guión de esta historia épica, llamada 127 horas.

Durante mi vida profesional he visto varios videos motivacionales con la historia de personas que han sobrepasado algún límite con tal de ir "más allá" dar la milla extra, o demostrar que una meta puede obtenerse, rebasarse y hacer a un lado obstáculos y barreras. Inclusive tuve la oportunidad de acudir a un congreso cuyo cierre fué una conferencia ofrecida por la alpinista mexicana Karla Wheelock, quien conquistó la cima del Everest, muy motivante.

Pero nada paracido a la historia real de Aron Ralston y la manera en que Danny Boyle la cuenta.

Es una anécdota aparentemente simple, Aron sale un sábado a entregarse a su pasión, la bicicleta de montaña, la escalada y exploración en un cañón en Utah; tiene experiencia, va muy bien equipado e inclusive sirve como guía a un par de chicas quienes exploran la misma zona. Contada al estilo y al ritmo de Boyle (pantallas divididas, música, una edición muy dinámica, los colores saturando cada cuadro) la historia incluso parece un largo y alegre comercial de Gatorade.

Hasta ahí todo bien.

Solo y adentrado en el cañón, con un mínimo de agua y comida Aron sufre lo impensable, resbala al fondo del cañón y una roca deja atrapado su brazo derecho.

Nadie lo vió caer, nadie lo escuchó pedir ayuda... nadie sabía a dónde iba a estar Aron desde ese sábado. Nadie.

Y es ahí donde la historia real comienza.

Una videocámara, cuerdas, una pequeña lámpara, muy poca agua, algo de comida, una pinza con accesorios(entre ellos una diminuta navaja) y la certeza casi inmediata de que esa roca no se va a mover de ahí, de que esa roca no dejará su extremidad, de que esa roca lo tiene atrapado al fondo del cañón... y hazle como quieras.

En ese momento las virtudes de la película me pegaron de lleno. Damos todo por hecho, la vida, el trabajo, la familia, los amigos.

Cotidianamente los problemas nos aquejan desde diferentes ángulos, desde la salud, la economía, el clima laboral. Ustedes lo saben perfecto. Diariamente libramos una pequeña batalla por llegar del principio al final de cada día paso a paso y de la mejor manera posible.

El caso de Aron es amplificado a la milésima potencia por lo complicado de la situación, por lo imposible que resulta mover la roca y por lo rápido que se dió el accidente, en un medio aparentemente dominado y controlado por su propia experiencia.

Tienen que entrar en juego su fuerza de voluntad, el dominio de la mente y de su cuerpo para sortear la adversidad que lo tiene atrapado y que por más intentos que haga no le deja salir, le aprisiona y le condena conforme pasan las horas a perder la razón, y perder la vida.

Separar su cuerpo de la roca sacrificando la mano y al antebrazo es la única solución al problema, pero ¿Como hacerlo?, ¿como juntar el coraje, la determinación, las agallas?.

¿Como luchar contra el dolor, la respuesta del cuerpo ante el trauma físico y emocional?

Pues James Franco nos lo muestra con su actuación en el papel de Aron y Boyle con su dirección en una película que realmente vale la pena ver -aún con la cirugía improvisada y la sensación de ansiedad que esta provoca (¿recuerdan la diminuta navaja?).

127 horas, poco más de 5 días fué el tiempo que Aron estuvo atrapado, viviendo entre pesadillas y alucinaciones, entre recuerdos y dolor físico, entre la sed y la angustia.

Algunos llevamos varios años viviendo en una situación similar, donde la roca que mantiene atrapado nuestro brazo simplemente nos la estamos imaginando porque alguien nos dijo que estaba ahí y que así son las cosas.

A veces desprenderse de algo o alguien, por más difícil que parezca es la solución a muchos de nuestros problemas, y es menos doloroso que cortarse un brazo.

Realmente ver la película me impactó. Véanla, luego me platican.

Marco